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La enfermedad de Parkinson es una patología del sistema nervioso
que afecta a las estructuras encargadas del movimiento: la coordinación,
el equilibrio, el mantenimiento del tono muscular y de la postura.
Una de estas estructuras, la sustancia negra, contiene dopamina,
que es un neurotransmisor esencial para la regulación del
movimiento.
En la enfermedad de Parkinson, la sustancia negra experimenta una
degeneración que conlleva una disminución progresiva
de la cantidad de dopamina presente en el cerebro.
Los síntomas más comunes de esta enfermedad son:
- El temblor lento y rítmico, que es más evidente en reposo y suele
disminuir con los movimientos voluntarios.
- La bradicinesia o lentificación del movimiento tanto
automático como voluntario. Se manifiesta en forma de falta
de expresión en la cara, escritura lenta, con trazos pequeños,
dificultades para deglutir, parpadear o balancear los brazos al
caminar, entre otros síntomas posibles.
- La rigidez muscular es la resistencia para mover pasivamente
las extremidades. Su presencia acentúa los síntomas antes mencionados.
- Las anomalías posturales consisten en la inclinación
del cuerpo y de la cabeza hacia delante, con tendencia a mantener
las rodillas y los codos encogidos.
- Los trastornos al caminar pueden ser de varios tipos: marcha
lenta, levantando poco los pies del suelo. Pueden existir pulsiones:
pasos cortos y rápidos hacia delante o hacia atrás.
Aumento brusco del ritmo de la marcha o episodios de bloqueo,
como si los pies estuvieran pegados al suelo.
- Trastornos del equilibrio. Suelen manifestarse en un nivel
avanzado de la enfermedad. Pueden propiciar caídas.
Esta enfermedad responde muy bien al tratamiento con levodopa y
agonistas dopaminérgicos, durante los primeros años
(entre 3 y 7 años, según el paciente). Junto con el
tratamiento médico, la práctica temprana de rehabilitación:
fisioterapia, logoterapia, terapia ocupacional, así como
disponer de atención psicológica, podrá dotar
al paciente de todas las herramientas necesarias para la mejor adaptación
a la enfermedad.
A medida que la enfermedad avanza el paciente se encuentra con
una limitación del efecto del tratamiento médico,
con dificultad progresiva para la realización de las actividades
de la vida diaria. En al menos un 50% de los pacientes con Parkinson
tratados convencionalmente, surgen importantes complicaciones como
son: las fluctuaciones on-off (oscilación del estado clínico
en general en relación a una toma de medicación),
disquinesias (movimientos involuntarios, a veces más incapacitantes
que la propia enfermedad, que suelen presentarse durante el efecto
de la medicación), o alteraciones psiquiátricas (alucinaciones,
delirio...).
Esta situación de progresiva complicación de la enfermedad
de Parkinson obliga a buscar nuevas estrategias terapéuticas,
como puede ser la realización de una intervención
quirúrgica. Existen diferentes tipos de intervención
quirúrgica para el tratamiento de le enfermedad de Parkinson,
dependiendo de los síntomas predominantes en cada paciente,
ya sean: el temblor, las discinesia, la bradicinesia o las alteraciones
de la marcha y del equilibrio. Así, mediante lesión
o estimulación cerebral profunda accedemos al tálamo,
pálido o subtálamo.
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