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La
hipoacusia o disminución de la audición es un problema de
especial importancia durante la infancia, ya que el desarrollo intelectual
y social del niño está intensamente ligado a la función
auditiva.
El oído, junto al resto de los sentidos, permite
la relación con el medio ambiente, ya que el ser humano transmite
sus ideas fundamentalmente por medio del lenguaje hablado.
La gravedad del problema dependerá sobre todo
de dos factores: el grado de hipoacusia, y la edad de instauración
de la misma. Cuanto más severa y precoz es la pérdida auditiva,
mayores alteraciones se generan en el desarrollo de la persona, en especial
si se produce antes de la adquisición del lenguaje. Así,
ya en el Código de Justiniano del siglo VI d.C., se consideraba
a los sordos y mudos como socialmente incompetentes.
Afortunadamente, las sorderas totales son excepcionales.
Las hipoacusias medias y leves, mucho más frecuentes, también
interferirán en la adquisición del lenguaje y pueden provocar
un retraso y un empobrecimiento del mismo.
Posiblemente, el enumerar unas cifras nos ayudará
a entender la magnitud del problema. Así, recordemos que 1 de cada
200 recién nacidos tiene un problema grave, por tratarse de una
lesión del nervio auditivo.
Por otra parte, sólo la mitad de los recién
nacidos hipoacúsicos, hay motivos para sospecharlo (como rubéola
durante el embarazo, antecedentes familiares de sordera, meningitis, etc.)
Un dato preocupante es que la sospecha de una pérdida
de audición en el niño, con el consiguiente exámen
del otorrinolaringólogo, se efectúa con una media de 27
meses de retraso.
Por lo tanto, uno de los retos actuales es disminuir
este período de retraso, lo cual se está consiguiendo gracias
a la mejora de los métodos de diagnóstico precoz, así
como a la creciente concienciación de padres, maestros, logopedas,
psicólogos y pediatras, que cada vez detectan con mayor antelación
lo que podríamos llamar "signos de alarma" expuestos
en la tabla.
| 0-1 AÑOS |
- Niño excesivamente tranquilo.
- No gira la cabeza ante sonidos fuertes o familiares.
- No emite sonidos articulados.
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| 1-2 AÑOS |
- No ha empezado a hablar.
- No comprende órdenes sencillas.
- No reconoce su nombre.
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| 2-3 AÑOS |
- No responde al timbre de la puerta y el teléfono.
- No construye frases de dos o más palabras.
- No contesta preguntas sencillas.
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| 3-4 AÑOS |
- Cuando se le pregunta contesta con frecuencia
"¿qué?".
- No es capaz de construir frases de 3 o más
palabras.
- No sabe explicar lo que le pasa.
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| EN GENERAL |
- Frecuentes resfriados y otitis.
- Niño introvertido, distraído
o agresivo.
- Retraso en el aprendizaje escolar.
- Dudas de la madre o el maestro sobre la audición
del niño.
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