Normalmente, los ovarios crecen cada mes y producen un tipo de quiste llamado folículos. Estos folículos producen hormonas (estrógeno y progesterona) y en el momento de la ovulación liberan el óvulo.
En ocasiones este folículo o quiste folicular continúa creciendo. Cuando esto ocurre, se conoce como quiste funcional y se trata de un proceso normal dentro del ciclo menstrual.
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Quiste folicular: se origina cuando el folículo no se rompe y crece, convirtiéndose en un quiste lleno de líquido transparente.
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Quiste de cuerpo luteo: a veces la apertura por donde ha salido el óvulo se cierra y se acumula líquido dentro del folículo. En general desaparece espontáneamente en unas semanas, pero en ocasiones puede crecer hasta más de cuatro centímetros de diámetro. Esto conlleva el riesgo de sangrar en su interior o de torsionar el ovario, causando dolor pélvico o abdominal. Si se llena de sangre, el quiste se puede romper y provocar hemorragia y dolor brusco muy intenso.
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Cistoadenoma seroso: es un quiste de paredes delgadas, de contenido acuoso y superficie lisa. Pueden ser de gran tamaño variando entre 5 y 20 cm y pueden causar torsión del ovario.
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Cistoadenoma mucinoso: son los tumores ováricos de mayor tamaño. A veces afectan a los dos ovarios. Son masas redondas u ovoides, con superficie lisa, translúcida, de color gris azulado, y contienen líquido espeso.
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Endometrioma: contienen un líquido espeso color chocolate.
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Quistes dermoides o teratomas: la mayoría son benignos, por su origen embrionario. Su contenido está formado por material sebáceo mezclado con pelo, cartílago, hueso y dientes. Se presentan en las tres primeras décadas de la vida y pueden crecer causando torsión o dolor.
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Tumores sólidos: son menos frecuentes. El más conocido es el fibroma ovárico, que a veces se asocia con acumulación de líquido en la pleura (membrana que rodea los pulmones) y el peritoneo (membrana que rodea los intestinos).