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TIROIDES
Enfermedades de Glándula Tiroides
TUMORES MALIGNOS
Se trata de cánceres de tipo papilar, folicular, medular y anaplásico,
y también de linfoma y metástasis de otros cánceres.
Carcinoma papilar:
Se ha observado que de todos los cánceres
de este tipo, 66% corresponden a la tiroides. La frecuencia de ataque
alcanza su máximo en el tercer y cuarto decenios. Es más
lesivo en el sujeto de edad avanzada. La proporción de sexos
es de tres mujeres por un varón.
Crecimiento lento, diseminación intraglandular (40% invade el
lóbulo contralateral) y a ganglios linfáticos regionales,
compartimiento central y mediastino superior, después yugular
y por último pulmones. En la citología nuclear, variación
de tamaño, nucleolos y “núcleos segmentados”.
Manifestaciones clínicas.
Los nódulos son asintomáticos y hay estrías de
calcio en las radiografías de tiroides.
tratamiento. En lesiones <1 cm de diámetro sin invasión
a través de la cápsula tiroidea en personas jóvenes,
basta con lobectomía y hormona tiroidea en el postoperatorio
para suprimir TSH. Si la lesión > 1 cm de diámetro,
tiroidectomía total o casi. Si se encuentra tumor en un ganglio
linfático en el triángulo lateral esta indicada una disección
radical de cuello modificada. No debe hacerse disección profiláctica
de cuello. Con la extirpación total de la tiroides, las metástasis
papilares captarán y pueden tratarse con yodo radiactivo. Se
administran por toda la vida dosis supresoras de hormona tiroidea.
Pronóstico.
Es excelente en jóvenes, pero el cuadro empeora en personas mayores
de 50 años. En forma global, 10 a 12% de los enfermos fallecen
por el trastorno. Se presentan complejos esquemas para efectuar el pronóstico.
Carcinoma folicular:
Este tipo comprende 18% de los cánceres de
tiroides, con incidencia máxima en el quinto decenio de la vida.
La frecuencia por sexo es de tres mujeres por cada varón.
La neoplasia muestra encapsulación neta, más unicéntrica.
Los folículos tienen características histológicas
precisas, pero las células pueden estar apiñadas y tener
aspecto maligno, con invasión capsular y vascular. Hay diseminación
hematógena a huesos, pulmones o hígado en los inicios
de la evolución.
Manifestaciones clínicas. Cambio reciente en bocio de vieja fecha.
Por lo común sólo hay un nódulo solitario, pero
en fase tardía surgen dolor y adherencias. Las metástasis
suelen concentrar yodo.
Tratamiento y pronóstico.
Hay controversia respecto a la magnitud de la resección, algunos
cirujanos se inclinan por la eliminación del lóbulo
y el istmo ante la enfermedad mínima, en tanto que otros
prefieren la tiroidectomía subtotal o total para facilitar
la Gammagrafía
del cuerpo y el tratamiento de las metástasis por medio de yodo
radiactivo. Esta forma es más agresiva que la papilar y la
supervivencia decenal es de 72 por ciento.
Otros tratamientos de cánceres
diferenciados.
- L-tiroxina.
Después de la Cirugía se administran dosis suficientes
de L-tiroxina para suprimir los niveles circulantes de hormona tiroestimulante.
- Administración de yodo radiactivo.
Se hace una Gammagrafía corporal total con yodo radiactivo
y se extirpa el tejido tiroideo residual normal en el cuello; también
para tratar cualquier metástasis a distancia, identificada
con I. Se aplica radiación con haz externo en caso de invasión
de tráquea o esófago.
Quimioterapia. Se usa doxorrubicina en lesiones muy metásticas
que ya no concentran yodo.
Tumores de células
de Hürhle:
Los tumores de este tipo están formados de
capas de células con citoplasma eosinófilo; algunos son
obviamente malignos, con invasión y diseminación ganglionar,
en tanto que otros tienen aspecto benigno. Estos tumores no concentran
yodo. Se emprende con antecedentes de radiación, en lesiones
de gran tamaño, en casos de invasión capsular y cuando
se acompañan de carcinoma diferenciado. Se hace lobectomía
para tratar masas pequeñas con imagen histológica benigna.
Carcinoma medular:
Las células C producen calcitonina y provienen
de la cresta neural.
El carcinoma puede producir el llamado síndrome APUD. Aparece
en la porción posteroexterna de la glándula.
El tamaño del carcinoma medular puede variar
desde dimensiones microscópicas hasta 10 cm de diámetro.
La norma en casos familiares es el ataque bilateral. Se observan cúmulos
de células separadas por área de colágeno y amiloide;
pueden ser poliédricas y simular las células carcinoides
o fusiformes. La neoplasia se disemina a ganglios regionales en el cuello
y porción superior del mediastino y de ahí a zonas dístales.
Cuadro clínico.
El carcinoma medular comprende 3.5 a 11.9% de los cánceres de
tiroides.
En promedio, la forma familiar se manifiesta entre los 20 y los 25 años
(neoplasia endocrina múltiple tipo IIA en mayores de tipo IIB
en menores), por un mecanismo dominante autosómico.
Los nódulos pueden ser aislados o múltiples y en el momento
del diagnóstico ya hay metástasis ganglionares en 15 a
20% de los casos. La diarrea es común, con hiperemia episódica
y de 2 a 4% de los pacientes tienen síndrome de Cushing por producción
ectópica de ACTH. Hay relación entre la hipercalcemia
y los feocromocitomas.
Síndrome de carcinoma
medular familiar. La variedad NEM-IIA (neoplasia endocrina múltiple)
comprende carcinoma medular multicéntrico o hiperplasia de células
C, feocromocitomas o hiperplasia medular e hiperparatiroidismo.
El grupo de neoplasias NEM-IIB abarca el carcinoma medular (particularmente
virulento), los feocromocitomas y las neuromas mucosos de labios, lengua
o conjuntivas, ganglioneuromas de intestino, facies típica y
complexión marfanoide.
La hiperplasia medular suprarrenal o los feocromocitomas son multicéntricos
en 70% de los casos. Estos últimos pueden ser malignos y las
metástasis son más frecuentes cuando el tumor primario
está fuera de las suprarrenales.
Diagnóstico.
Entre los estudios de laboratorio se advierte mayor nivel sérico
de calcitonina por medio de radioinmunoensayo y la masa tiroidea es
un dato diagnóstico. Es importante estudiar a los miembros de
la familia para detectar tempranamente las lesiones. Puede haber incremento
del antígeno carcinoembrionario. La reaparición de los
incrementos séricos de dicho antígeno denota recurrencia
del tumor. En el preoperatorio se deben estudiar las catecolaminas y
el calcio sérico.
Tratamiento. En
estos casos se necesita tiroidectomía total, por el carácter
multicéntrico de la lesión. Hasta 50% de los paciente
muestran metástasis en ganglios por la neoplasia. Se hará
disección de cuello si hay afección clínica de
los ganglios. La Gammagrafía con talio permite localizar las
metástasis. La disminución de la masa tumoral por cirugía
aminora los efectos de APUD. Se intentará la quimioterapia
en casos de metástasis progresivas. En primer lugar hay
que operar los feocromocitomas; la extirpación total de
ambas suprarrenales es la operación más usual, dado
el carácter multicéntrico
de la neoplasia. La lesión paratiroidea comprende hiperplasia
de células principales.
Pronóstico.
La supervivencia es de 80% a los cinco años y 57% a los 10 años.
Carcinoma anaplásico:
Este tipo de carcinoma comprende 10% de los cánceres
tiroideos. Puede surgir por transformación de un tumor diferenciado.
La proporción de ataque entre varones y mujeres es de 3:1. La
mitad de los casos aparecen entre los 60 y los 79 años y el promedio
de edad en esta neoplasia es de 66 años.
La neoplasia sin cápsula franca invade estructuras
vecinas. El cuadro histológico es el de estructuras celulares
que varían desde células fusiformes hasta multinucleadas
gigantes; son abundantes las mitosis.
El cuadro inicial incluye agrandamiento dolorosa de la tiroides, a veces
con fijación de la glándula; son comunes los efectos de
la presión. Envía metástasis al pulmón.
Rara vez es extirpable. El diagnóstico se hace por biopsia con
aguja y después se comienza el tratamiento complementario. Hasta
75% de los pacientes fallecen antes de un año del diagnóstico.
Linfoma y sarcoma
La tiroides es un sitio rara para la aparición
de linfoma primario. Conviene alguna técnica limitada para confirmar
el diagnóstico histológico y después emprender
radioterapia, quimioterapia o ambas modalidades terapéuticas.
Carcinoma metastásico.
De 2 a 4% de los pacientes que fallecen de cáncer tienen metástasis
en la tiroides. Los primarios que con mayor frecuencia las producen
son el cáncer de pulmón y el hipernefroma.
Cirugía de la tiroides.
Esta glándula se opera con el fin de diagnosticar alguna masa
en su interior, extirpar tumores benignos y malignos, tratar la tirotoxicosis
o aliviar síntomas de presión atribuibles a ella.
Técnica operatoria.
En primer lugar se hace anestesia endotraqueal y se coloca el paciente
con el cuello en extensión. El cirujano hace una incisión
equilateral en un pliegue de la piel, a manera de “collar bajo”. Se
eleva un colgajo inferior se lleva hasta la escotadura esternal.
En la línea media se secciona la aponeurosis
cervical. Se separan los músculos esternotiroideo y esternohioideo
o, si la glándula es grande, se seccionan. El lóbulo se
vuelve hacia a dentro y se controlan y seccionan las venas tiroideas
medias. El cirujano penetra en el espacio cricotiroideo. También
identifica y conserva la rama externa del nervio laríngeo superior
que va al constrictor inferior de la faringe y a los músculos
cricotiroideos.
Los vasos del polo superior se ligan por separado,
cerca del lóbulo, y se seccionan. El lóbulo se retrae
hacia adentro y se ligan y seccionan las ramas de la arteria tiroidea
inferior, cerca de la cápsula, para conservar la circulación
a las paratiroides.
Con suavidad se descubre el nervio laríngeo
recurrente. En la operación por enfermedad de Graves se dejan
2 a 4 gr de tejido tiroideo posterior y se repliegan contra la tráquea
o el lóbulo se extirpa en su totalidad. Es importante que el
cirujano identifique y conserve las paratiroides y su riego sanguíneo.
El istmo se separa de la porción anterior de
la tráquea, sin dejar restos de tejidos. La incisión se
cierra en capas. El bocio intratorácico por lo común representa
una extensión del tejido tiroideo cervical en el interior del
tórax y se le extirpa por una incisión en el cuello. A
veces se necesita el abordaje transesternal.
Complicaciones.
Tempestad tiroidea. Aparece en sujetos
con tirotoxicosis persistente que no han sido tratados o que lo han
sido en forma incompleta. Las manifestaciones pueden surgir en el quirófano
o en la sala de recuperación. El cuadro incluye hipertermia,
sudación, taquicardia, náusea, vómito y dolor.
El temblor y la inquietud puede evolucionar hasta el delirio o el coma.
El tratamiento incluye grandes dosis de yoduro de sodio o de potasio
por la vía endovenosa, 100 mg de cortisol, oxígeno y grandes
dosis de glucosa, soluciones hidroelectrolíticas “proporcionadas”
(balanceadas), una manta de hipotermia y propranolol u otros bloqueadores
beta. La mortalidad se acerca a 10 por ciento.
Hemorragia de la incisión.
Esta complicación surge en el término de las primeras
horas del postoperatorio. Causa disfunción respiratoria porque
las cantidades pequeñas de sangre en el espacio profundo muy
junto a la tráquea obstruyen las vías respiratorias; esta
complicación surge en 0.3 a 1% de los casos. El tratamiento es
urgente. Hay que abrir la herida, evacuar el coágulo, aplicar
presión, llevar el paciente a la sala de operaciones y cohibir
el vaso hemorrágico.
Lesión del nervio
laríngeo recurrente. Complicación que aparece en
1 a 3% de las intervenciones de tiroides. Pueden ser unilateral o bilateral,
temporal (tres a doce meses) o permanente. En caso de parálisis
de los músculos abductores de las cuerdas vocales en la laringe,
éstas asumen una posición medial. La voz es opaca y ronca.
La parálisis bilateral de las cuerdas puede producir disfunción
de vías respiratorias.
Hipoparatiroidismo.
La frecuencia de este trastorno es de 0.6 a 2.8%. Es todavía
más común (9%) durante tratamiento de cáncer, en
particular en procedimientos secundarios. Rara vez se debe a extirpación
de todas las glándulas. Es más probable que dependa de
alteración de riego. El riesgo se reduce al mínimo mediante
la ligadura de los vasos en la cápsula tiroidea. Puede desmenuzarse
la glándula desvascularizada e implantarse en bolsas en el esternocleidomastoideo.
El cuadro se manifiesta a unos días de la operación e
incluye insensibilidad peribucal, hormigueo de las yemas de los dedos,
angustia, signo de Chvostek inicialmente, seguido por el de trousseau
y espasmo carpopedal. El cuadro puede evolucionar a tetania. Hay hipocalcemia
e hiperfosfatemia. El trastorno puede ser transitorio (días)
o permanente.
El tratamiento incluye 10 ml de gluconato de calcio
al 10% por vía endovenosa en goteo directo lento y después
una venoclisis en que se introduzcan dos o tres ampolletas de tal sustancia
cada ocho horas. Se puede iniciar la administración oral de calcio
para aportar 1.5 a 2 gr al día. En el hipoparatiroidismo permanente,
se requerirá vitamina D (Rocaltrol, 0.25 a 0.5 g/día además
de calcio). Medir calcio y fósforo alto en el hipoparatiroidismo.
Bajo en el “síndrome de hueso hambriento”.
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